Nos encontramos frente a la segunda parte de Mario vs. Donkey Kong, el juego que apareció en Game Boy Advance. En esta ocasión, los protagonistas son los Minis, unas pequeñas imitaciones de Mario a las que hay que dar cuerda para que entren en acción. La introducción nos sitúa en la inauguración del parque Súper Minimariolandia (curioso nombre), en la que asisten el archiconocido fontanero, Donkey Kong y la espectacular invitada especial: Pauline. El viejo Donkey, gorila pasional como pocos, nada más ver a la chica se enamora perdidamente de ella. Pero Pauline prefiere a italianos con bigote que a fornidos gorilas, lo que hace que DK entre en cólera a causa de los celos. Ni corto ni perezoso, decide recuperar viejas y feas costumbres, y secuestra a Pauline. El objetivo del juego consiste, una vez más; en rescatar a la chica de las garras de Donkey Kong, y para ello contaremos con la inestimable ayuda de los Minis.
El juego se desarrolla a través de más de 80 niveles que iremos desbloqueando poco a poco, a medida que los vayamos completando. Los niveles se dividen en 9 pisos de 9 niveles cada uno, y cuando completemos un piso, accederemos a un minijuego que nos permitirá pasar al siguiente. Si completamos los puzzles a la perfección, recibiremos bonificaciones para desbloquear premios y nuevos niveles.
En cada nivel nuestra misión será llevar el máximo número de Minis a la meta, al estilo del clásico Lemmings. Para ello tendremos que esquivar las trampas del escenario, los enemigos (también de juguete) y todos los obstáculos que nos impidan avanzar.
Por si fuera poco, el gran acierto de Nintendo de permitir la descarga de niveles a través del servicio “Nintendo Wi-Fi Connection” de forma gratuita hace que la vida del juego se alargue considerablemente. Si a todo esto le añadimos la posibilidad de crear nuestros propios niveles y compartirlos con nuestros amigos, tenemos ante nosotros uno de esos escasos juegos que son capaces de sobrevivir al paso de las generaciones.