Junto con Pokémon, este enésimo título protagonizado por Wario es una de las apuestas de Nintendo para este verano. Sin embargo, las novedades jugables no sólo no son suficientes para paliar las evidentes carencias técnicas del juego, sino que no son del todo acertadas. El mecanismo de control del personaje es incómodo, y cosas que podrían hacerse con un botón se tienen que hacer con absurdos dibujos en la pantalla. Y como curiosidad está bien, pero no nos aporta demasiado.
A pesar de todo, Wario puede llegar a ser un juego entretenido, pero en absoluto imprescindible. Ni siquiera por sus minijuegos, demasiado “tontos” y facilones, nada que ver con los de los juegos de Wario Ware. Una lástima, porque sus predecesores sí que se contaban entre los mejores plataformas de sus respectivas generaciones. Sin embargo, el Maestro del Disfraz nos deja un tanto indiferentes.